Nutrición y su impacto en la salud mental

Depresión, ansiedad, tristeza, apatía y otras patologías de salud mental se están vinculando, según estudios recientes, a nuestros hábitos y a nuestro estilo de vida. Lo que comemos, cómo lo comemos, el descanso, la actividad física influyen en nuestro eje intestino-cerebro y todo ello al final repercute, no solo en la salud general sino en gran medida en la salud mental. Nuestros hábitos podrían desencadenar un estado inflamatorio sostenido en el tiempo (inflamación de bajo grado) que nada tiene que ver con la inflamación aguda (mecanismos de reparación necesario ante roturas, traumas,..).

 

Esta inflamación de bajo grado es silenciosa, causa elevación en los niveles de proteína de fase aguda, citoquinas con actividad inflamatoria como la PCR (proteína C reactiva) el factor de necrosis tumoral alfa (TNF), asi como ciertas interleucinas (IL). Produce un aumento en la infiltración de células inmunes como los macrófagos y los linfocitos T. Pero a pesar de estas alteraciones inmunes en este estado inflamatorio de bajo grado el tejido no muestra alternaciones estructurales y tampoco pérdida de su función, por ello este estado silencioso y a largo plazo es muy perjudicial.

 

Debemos ampliar el enfoque en salud mental y mirar más allá. Trabajar en equipos multidisciplinares con psicólogos, psiquiatras, entrenadores y nutricionistas podría ayudar a mejorar muchas patologías en salud mental. Se ha estudiado que través de una alimentación antiinflamatoria (rica en Omega 3, fibras, antioxidante, magnesio, zinc, ácido fólico, Vitamina D) entre otros, exenta de productos ultraprocesados repletos de azúcares y grasas saturadas, se mejora estados de ansiedad, depresión, se mejora el eje intestino-cerebro y se revierte este estado inflamatorio.

 

Por ello una buena valoración de la alimentación y el estilo de vida de una persona con problemas de salud mental es fundamental para la mejoría a corto plazo y evitar recaídas a largo plazo. Tener unos conocimientos de qué pautas podemos recomendar a estos pacientes, junto con una buena suplementación enfocada a mitigar las carencias no cubiertas por la dieta es esencial para potenciar un estado antinflamatorio. Todo ello va a conllevar junto al tratamiento psicológico y farmacológico si es necesario, a una mejora del paciente.

 

En conclusión, conocer aquellos alimentos y suplementos que colaboran a revertir este estado inflamatorio y cómo se pueden integrar en las pautas de la persona que padece una enfermedad mental es fundamental para colaborar en su recuperación e incluso en personas sanas estos cambios podrían evitar en un futuro un problema de salud en general. De ahí la importancia de que los profesionales que trabajan con pacientes en salud mental tengan formación básica sobe suplementos y cómo pautarlos.

 

Laura Reviejo.

Curso de Nutrición en Salud Mental

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