Omega 3 y embarazo

La importancia de una buena nutrición durante el embarazo ha sido protagonista de la investigación científica desde hace décadas. Su relevancia en el desarrollo embrionario y fetal, así como en la prevención de posibles problemas de salud posteriores en el niño la han convertido en un factor fundamental a tener en cuenta a la hora de desarrollar planes preventivos durante la gestación.   Entre los nutrientes con mayor relevancia y con amplia evidencia científica están los ácidos grasos omega 3, componentes esenciales de la dieta y fundamentales en el desarrollo del sistema nervioso.

Para entender su importancia, es fundamental tener en cuenta que durante el periodo gestacional, hay una demanda aumentada de ácidos grasos para apoyar el desarrollo fetal, especialmente del sistema nervioso central y la retina.

Dentro de los ácidos grados omega 3, el ácido docosahexaenoico (DHA) es fundamental para el desarrollo cerebral y visual del feto. De hecho, durante el tercer trimestre del embarazo, se ha demostrado un aumento significativo en la acumulación de DHA en el cerebro del feto. Otro ácido graso importante es el eicosapentaenoico (EPA). Si bien el EPA no se acumula tanto como el DHA en el cerebro fetal, también desempeña un papel importante en la salud materna y fetal.

Como es bien conocido, algunos alimentos ricos en omega 3 son los pescados azules como el salmón, las sardinas y las anchoas así como otros productos de origen vegetal como las nueces o las semillas de chía.

A veces, durante el embarazo pueden no consumirse suficientes ácidos grasos omega 3 a través de la dieta habitual. En estos casos, pueden ser recomendables los suplementos de aceite de pescado para garantizar un suministro adecuado de estos nutrientes críticos para el desarrollo fetal.

Los ácidos grasos también proporcionan varios beneficios importantes para la mujer embarazada a nivel cardiovascular, en la reducción del riesgo de depresión posparto, en la reducción del riesgo de parto prematuro y complicaciones del parto y favorece la salud óptima de la piel y el cabello.

En cuanto a su importancia en la salud mental. Se sigue investigando la importancia de los omega 3 en la reducción del riesgo de depresión postparto. Los ácidos grasos omega 3 actúan a diferentes niveles de la regulación de neurotransmisores y son componentes importantes de las membranas celulares, incluidas las neuronas y ha sido demostrado que el EPA y el DHA tienen efectos sobre la actividad de los neurotransmisores, como la serotonina y la dopamina, que están implicados en la regulación del estado de ánimo. De esta forma, podrían ayudar a mantener un equilibrio adecuado de estos neurotransmisores, lo que puede tener un efecto positivo en la salud mental y la prevención de la depresión en particular.

Otro mecanismo por el cual los omega 3 pueden ser beneficiosos está basado en su efecto antiinflamatorio. Se ha sugerido que la inflamación sistémica puede desempeñar un papel en el desarrollo de la depresión posparto. Al disminuir la inflamación, pueden ayudar a proteger de su aparición.

Por último, los cambios hormonales y el aumento de demanda metabólica durante el embarazo pueden aumentar el estrés oxidativo. Como mecanismo protector más general, los omega 3 pueden ayudar a generar una reducción del estrés oxidativo y proteger contra el daño celular, siendo este también un mecanismo de protección para la enfermedad mental.

Ya en 2008, en una revisión sistemática demostró que los niveles plasmáticos de omega 3 DHA eran significativamente más bajos en mujeres depresivas con síntomas depresivos y ansiedad.  Como conclusión, estos resultados exploratorios sugerían que el DHA podría desempeñar un papel importante en la prevención de la patogénesis de la depresión y la ansiedad durante la gestación.

Otro artículo de 2023 revisa el conocimiento actual sobre el papel de los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga en la salud materna durante el embarazo y postparto.

Se proporcionan recomendaciones de consenso y pautas prácticas para proveedores de atención médica respaldadas por la Asociación Mundial de Medicina Perinatal, la Academia de Nutrición Temprana y la Fundación para la Salud Infantil.

Se llega a la conclusión de que el feto y el recién nacido deben recibir omega 3 en cantidades suficientes para favorecer un desarrollo visual y cognitivo óptimo. Además, el consumo de aceites ricos durante el embarazo reduce el riesgo de parto prematuro y las mujeres embarazadas y lactantes deben intentar alcanzar una ingesta diaria promedio de al menos 200 mg de DHA.

Para los bebés a término sanos, se recomienda la lactancia materna, que suministra ácidos grasos de cadena larga preformados, como método de alimentación. Y cuando se opte por lactancia artificial, se recomienda el uso de una fórmula infantil que aporte DHA en niveles entre 0,2 y 0,5 por ciento en peso de la grasa total, y con la cantidad mínima de AA equivalente al contenido de DHA. También se recomienda el suministro dietético con ácidos grasos debe continuar después de los primeros seis meses de vida, aunque todavía no hay información suficiente para hacer recomendaciones cuantitativas.

Como resumen, la importancia de estos nutrientes durante una fase tan crucial en el desarrollo del sistema nervioso, así como todos sus beneficios a nivel de salud general para la madre y el feto, los convierten en una suplementación altamente recomendada en mujeres embarazadas.

 

Dra Bianca Granados Martínez. Experta en psiquiatría perinatal.

 

 

Bibliografía:

The roles of long-chain polyunsaturated fatty acids in pregnancy, lactation and infancy: review of current knowledge and consensus recommendations

Berthold Koletzko  World Association of Perinatal Medicine Dietary Guidelines Working Group

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/18184094/

The impact of docosahexaenoic acid on maternal mental health: scoping review

Olga Masot 1Julio José Ochoa Herrera 2Elena Paraíso Pueyo 1Judith Roca 1Jéssica Miranda 1Ana Lavedán 1

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/37334807/

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